Perimenopausia: qué hacen tus hormonas y por qué tienes estos síntomas
Reglas que vienen cuando quieren, noches en las que te despiertas a las cuatro, días con una energía normal y otros en los que no puedes con la vida, y una cintura que ha cambiado sin que hayas cambiado nada. Todo eso tiene una explicación, y es la misma.
Los síntomas de la perimenopausia no son aleatorios. Detrás de cada uno hay una hormona que ha empezado a oscilar. Entender cuál es te sirve para dos cosas: para saber qué puedes cambiar tú y para saber qué es de tu médica. Este artículo es más técnico que otros del blog, porque en español casi todo lo que se encuentra sobre esto se queda en la superficie. Te lo cuento con calma.
Primero, cómo funciona un ciclo normal
Para entender qué se descoloca hace falta saber qué había antes. En un ciclo normal mandan dos hormonas de los ovarios, y se turnan.
Los estrógenos suben en la primera mitad del ciclo. Hacen crecer el endometrio, preparan la ovulación y, de paso, hacen muchas más cosas por todo el cuerpo: mantienen el termostato del cerebro estable, cuidan el hueso, ayudan a la insulina a hacer su trabajo, mantienen la piel y las mucosas hidratadas y participan en el ánimo y la memoria.
La progesterona aparece en la segunda mitad, después de la ovulación. Su trabajo principal es sostener el endometrio por si hay embarazo. Pero también tiene un efecto calmante sobre el sistema nervioso: ayuda a dormir y a estar más tranquila. Si no hay embarazo, las dos bajan, viene la regla y se empieza otra vez.
Mientras esto funciona, el cuerpo tiene un ritmo previsible. Puede que con síndrome premenstrual, puede que con reglas molestas, pero previsible.
Qué cambia en la perimenopausia
La perimenopausia es la transición hacia la menopausia. Empieza, de media, a partir de los 45, aunque puede empezar a los 40 o antes, y dura, de media, entre cuatro y ocho años, y en algunas mujeres hasta diez. La menopausia es solo un día: el que hace doce meses desde tu última regla. Todo lo de antes es perimenopausia y es donde están casi todos los síntomas.
Lo primero que suele fallar no son los estrógenos, es la ovulación. Quedan menos óvulos y de peor calidad, y muchos ciclos pasan sin ovular o con una ovulación floja. Sin ovulación no hay progesterona. Así que la progesterona es la primera que baja, y baja pronto, cuando todavía tienes la regla cada mes.
Los estrógenos, en cambio, no bajan sin más. Oscilan. El cerebro nota que los ovarios responden peor y les manda más señal (la FSH, que es lo que se mide en la analítica), y los ovarios unas veces responden con un pico de estrógenos más alto que a los treinta y otras veces apenas responden. Así durante años, hasta que al final sí bajan y se quedan bajos.
Eso explica lo que a muchas mujeres les parece contradictorio: tener a la vez síntomas de estrógenos altos (pechos sensibles, reglas abundantes, retención) y de estrógenos bajos (sofocos, sequedad, mal sueño), a veces en el mismo mes.
Los síntomas, uno por uno, y la hormona que hay detrás
Reglas que cambian
Suele ser lo primero. Ciclos más cortos al principio (de 28 días a 24 o 25), luego más largos e irregulares, y reglas que unas veces son más abundantes y otras casi nada. Detrás está sobre todo la falta de progesterona: sin ella el endometrio crece sin control y, cuando por fin baja, sangra más. Y las oscilaciones de estrógenos hacen el resto.
Sofocos y sudores nocturnos
Los estrógenos mantienen amplio el margen de temperatura que el cerebro tolera sin reaccionar. Cuando oscilan, ese margen se estrecha y una subida mínima de temperatura pone en marcha la respuesta para enfriarse: calor, sudor, corazón acelerado. Lo tienes explicado a fondo en el artículo sobre sofocos y alimentación. Los tienen unas tres de cada cuatro mujeres.
Dormir mal
Aquí se juntan dos cosas. La progesterona, que era la que ayudaba a conciliar el sueño y a que fuera profundo, ha bajado. Y los sofocos nocturnos fragmentan lo que queda, aunque no te despierten del todo. El resultado es el despertar de las tres o las cuatro de la mañana que tantas mujeres describen igual. Si te pasa, tienes más en el artículo sobre alimentación y sueño.
Ánimo, irritabilidad y niebla mental
Los estrógenos participan en la serotonina y la dopamina, y la progesterona en el sistema que nos calma. Cuando las dos van a su aire, el ánimo también. Irritabilidad que no te reconoces, llorar por cosas que antes no, ansiedad sin motivo claro, y esa sensación de que las palabras no salen o de que has entrado en una habitación y no sabes a qué. La niebla mental está descrita en los estudios y es real. Y dormir mal lo empeora todo.
La cintura y el músculo
Es de lo que más se pregunta y de lo que menos se explica. Los estrógenos ayudaban a que la insulina funcionara bien y a que la grasa se repartiera en caderas y muslos. Cuando bajan, la grasa se va al abdomen aunque el peso no cambie, la sensibilidad a la insulina empeora y se acelera la pérdida de músculo que ya venía con la edad. Por eso comer como a los treinta deja de funcionar, y por eso comer menos empeora el cuadro en vez de arreglarlo. De esto van por qué no adelgazas después de los 40 y por qué el músculo es tu mejor aliado.
Sequedad, molestias al orinar y libido
Los estrógenos mantienen hidratadas las mucosas, y no solo la vaginal: también la de la vejiga y la uretra. Cuando bajan aparecen sequedad, molestias en las relaciones, más infecciones de orina y ganas frecuentes de orinar. Y la libido baja, por las hormonas y por todo lo demás junto. Este grupo de síntomas no mejora solo con el tiempo, al contrario, y tiene tratamiento local eficaz. Es de los que más callan las mujeres y de los que más fácil arreglo tienen.
Articulaciones, piel y pelo
Dolor en las articulaciones al levantarte, sobre todo manos y rodillas, piel más fina y seca, pelo que cae más. Los estrógenos tenían un papel en el colágeno y en la inflamación, y se nota cuando faltan. Suelen ser síntomas que nadie relaciona con la perimenopausia y que se atribuyen a la edad sin más.
Cuándo ir a tu médica
Muchas mujeres no van porque «es normal, es la edad». Es normal y aun así se puede tratar. Estas son las situaciones en las que hay que pedir cita sin esperar:
- Sangrados muy abundantes (empapar una compresa o tampón cada hora durante varias horas), reglas que duran más de siete días o sangrado entre reglas. Hay que descartar otras causas y evitar la anemia.
- Cualquier sangrado después de doce meses sin regla. Siempre se estudia.
- Síntomas que te incapacitan: sofocos que no te dejan trabajar o dormir, un estado de ánimo que te asusta, palpitaciones fuertes.
- Síntomas antes de los 40, porque puede ser una insuficiencia ovárica precoz y eso se trata de otra manera.
- Cansancio extremo, pérdida de peso sin buscarla o caída de pelo importante: el tiroides da síntomas muy parecidos y se descarta con una analítica.
- Y en general, si los síntomas te están quitando calidad de vida. No hace falta que sean graves para merecer tratamiento.
La terapia hormonal de la menopausia es hoy un tratamiento seguro y eficaz para la mayoría de mujeres sanas que empiezan antes de los 60 o en los diez años siguientes a la menopausia, con contraindicaciones concretas que valora tu ginecóloga. No es para todas y no es obligatoria, pero tampoco es el peligro que se decía hace veinte años. Esa conversación es suya y tuya, y merece la pena tenerla con datos.
Una cosa sobre las analíticas: en la perimenopausia las hormonas cambian de una semana a otra, así que una analítica normal no descarta nada. El diagnóstico es clínico, por los síntomas y la edad. No te frustres si te dicen «las hormonas están bien».
Qué parte se trabaja con la alimentación
No las hormonas. Que quede claro: ningún alimento sube los estrógenos ni sustituye a la progesterona. Lo que sí se trabaja es lo que las hormonas han dejado descolocado y que depende de lo que haces cada día:
- El músculo: proteína suficiente en cada comida y ejercicio de fuerza. Es lo que más cambia el resultado a largo plazo.
- La insulina: hidratos acompañados y no solos, fibra, moverse después de comer.
- El sueño y los sofocos: la cena, el alcohol, la cafeína, y las bajadas de azúcar.
- El hueso: calcio, vitamina D y, otra vez, fuerza.
- El ánimo: comer suficiente y a sus horas hace más por el ánimo de lo que parece. Pasar hambre en esta etapa es de las peores ideas.
Todo esto está en la guía gratuita «Qué comer en la menopausia», que son ocho páginas para empezar por tu cuenta. Y si prefieres que lo veamos juntas, con tu caso y tus síntomas, así funciona el Acompañamiento. Se coordina con tu médica o tu ginecóloga y no sustituye su tratamiento.
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Fuentes
- Santoro N, Roeca C, Peters BA, Neal-Perry G, The Menopause Transition: Signs, Symptoms, and Management Options, Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism, 2021.
- Harlow SD et al., Executive summary of the Stages of Reproductive Aging Workshop + 10 (STRAW+10), Menopause, 2012.
- The Menopause Society, The 2022 Hormone Therapy Position Statement of The North American Menopause Society, Menopause, 2022.
- Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), Guía de práctica clínica: menopausia y postmenopausia.
- Greendale GA et al., Changes in body composition and weight during the menopause transition (SWAN), JCI Insight, 2019.