Conóceme
Come con calma · Dietista conductual
He trabajado casi 20 años en farmacia. Todos los días veía salir por la puerta una cantidad de medicación que impresiona, y llevaba mucho tiempo pensando lo mismo: una parte de eso se podría prevenir, o al menos contener, con lo que comemos. Esa idea fue la que me llevó a querer estudiar Dietética. Tardé años en poder hacerlo.
Antes había estudiado Documentación Sanitaria, donde tras leer cientos de historias clínicas acabé entendiendo cómo se aborda cada patología, y Trabajo Social, que me dio una visión sociológica, antropológica, psicológica y del Derecho. De ahí me traje la idea que sostiene mi forma de trabajar: cuando se trata de cambiar hábitos, el enfoque conductual es el que más evidencia tiene.
Terminé la formación en Dietética cuidando a mi hija de cinco años y trabajando ocho horas. Era una espinita que llevaba clavada desde aquellos años de mostrador.
Porque yo estoy en esa etapa. Sé lo poco que se habla de ella y lo fácil que es salir de una consulta con la sensación de que lo que te pasa no es para tanto.
La frase que más escucho en mis pacientes es que empezaron cogiendo unos pocos kilos, no le dieron importancia, y año tras año se fueron sumando hasta que ya no hubo manera de perderlos.
Cuando aparecieron, era reacia. Cambié de opinión desde el otro lado del mostrador, viendo la cara de personas que llevaban años intentándolo y por fin lo estaban consiguiendo. Entendí que, bien usados, son una herramienta que puede cambiarle la calidad de vida a mucha gente.
Lo que hace falta al lado es ese cambio de hábitos alimentarios que sostenga el resultado. Eso es en lo que puedo acompañarte.
Porque es una condición mal conocida, poco diagnosticada, y muchas mujeres llegan convencidas de que su cuerpo no responde por culpa suya. Le dediqué mi proyecto final de Dietética: «Alimentación como tratamiento coadyuvante en lipedema».
Adapto las pautas a tu vida, no al revés. De poco sirve un menú impecable con un horario perfecto si tu vida no lo es.
Y no pongo dietas restrictivas. Me parecen un error, y son justo lo que trae aquí a la mayoría de las mujeres con las que trabajo.
Come con calma son dos cosas. Comer, como necesidad y como disfrute, nunca como castigo. Y con calma, que es hacerlo de forma consciente.
Los cambios tienen que ser posibles de sostener, no solo de iniciar.
No hay un plan estándar. Todo se construye sobre tu situación real.
El éxito no es terminar el programa. Es mantenerlo.
El objetivo final es que puedas prescindir de mí.
Formación
Seila Sánchez — FPGS en Dietética y Nutrición, asociada a ASNADI (Asociación de Dietistas, nº ES-2951-AS). También Trabajadora Social, Técnico en Farmacia y Documentalista Sanitaria, formación que sostiene mi enfoque conductual.
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