Salud digestiva

SIBO: qué es, qué síntomas da y qué papel tiene la alimentación

Por Seila Sánchez, dietista · Lectura: 7 min

Hinchazón después de comer. Gases constantes. Fatiga sin causa aparente. Digestiones que nunca terminan de ir bien. Síntomas que muchas veces se achacan al estrés, a la ansiedad o a «ser así».

En algunos casos hay detrás una causa concreta que tiene nombre: SIBO. Su diagnóstico ha aumentado mucho en los últimos años —tanto que hay quien habla de sobrediagnóstico— pero cuando está bien identificado y bien tratado, la mejoría puede ser importante.

Qué es el SIBO

SIBO son las siglas en inglés de Small Intestinal Bacterial Overgrowth: sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado. Ocurre cuando bacterias que normalmente viven en el intestino grueso proliferan de forma anómala en el delgado, donde no deberían estar en esas cantidades.

Esas bacterias fermentan los hidratos de carbono antes de que puedan absorberse, y eso genera gas, inflamación de la mucosa y alteraciones en la absorción de nutrientes. De ahí que los síntomas no sean solo digestivos.

La Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria señala que el diagnóstico debe apoyarse en pruebas complementarias y no solo en los síntomas, precisamente para evitar diagnósticos prematuros o erróneos.

Síntomas más frecuentes

Son variados y se solapan con los de otros cuadros digestivos, que es justo lo que complica el diagnóstico:

Un matiz importante: los síntomas se parecen a los de una intolerancia alimentaria, pero el origen es distinto. En la intolerancia el problema es que no puedes procesar bien un alimento concreto. En el SIBO el problema es dónde están las bacterias.

Cómo se diagnostica

Principalmente con el test del aliento con glucosa o lactulosa, que mide la producción de hidrógeno y metano después de tomar un sustrato fermentable: si hay bacterias donde no debería, los gases aparecen antes de lo esperado.

Conviene que lo interprete un profesional con experiencia en patología digestiva. El resultado no siempre es fácil de leer y hay que ponerlo junto al cuadro clínico completo.

Si llevas años con hinchazón y nadie te ha estudiado, el paso siguiente no es quitar alimentos: es que te hagan la prueba.

Qué puede hacer la alimentación, y qué no

Empiezo por lo que no: la alimentación no cura el SIBO por sí sola. El tratamiento habitualmente incluye antibióticos específicos para reducir el sobrecrecimiento, y eso lo pauta tu médico. Lo que sí hace la dieta es reducir los síntomas mientras dura el tratamiento y ayudar a que no vuelva.

La dieta baja en FODMAP

Es la estrategia con más respaldo para el manejo de los síntomas. FODMAP es el acrónimo de unos hidratos de carbono de cadena corta que se absorben mal en el intestino delgado y sirven de alimento a las bacterias, generando fermentación y gas.

Y aquí va lo más importante del artículo: la dieta baja en FODMAP no es una forma de comer, es una herramienta temporal de diagnóstico. Se hace en tres fases y las tres son obligatorias:

Quedarse en la primera fase es el error más frecuente y el más caro. Es una dieta restrictiva: más allá de dos meses el cumplimiento cae y los riesgos nutricionales suben, y sobre todo deja a mucha gente con miedo a comer. Por eso no debería hacerse sin acompañamiento profesional.

La dieta elemental

En casos graves o que no responden a los antibióticos puede plantearse una dieta elemental: fórmulas líquidas predigeridas que se absorben pronto y no dejan residuo para las bacterias. Es una opción exigente y requiere supervisión médica y nutricional estrecha.

Los probióticos

Aquí no hay consenso. Algunas cepas pueden empeorar los síntomas en la fase activa y otras resultar útiles en el mantenimiento. No es algo para probar por tu cuenta: depende del caso.

Lo que no funciona

Hacer dieta restrictiva sin diagnóstico. Quitar gluten, lactosa o FODMAP «por si acaso» enmascara los síntomas, retrasa el diagnóstico correcto y además puede falsear el test del aliento si te lo hacen después.

Tratarlo solo con la alimentación. El SIBO necesita abordaje médico. La dieta acompaña, no sustituye.

Conclusión

El SIBO es una condición real y puede afectar bastante a la calidad de vida. Con el diagnóstico correcto y un abordaje que combine lo médico y lo nutricional, hay margen de mejora en la mayoría de los casos.

Si llevas tiempo con síntomas digestivos sin explicación, el primer paso es que un profesional te evalúe bien. Y si ya tienes el diagnóstico y lo que necesitas es que alguien te acompañe durante el proceso —incluida la parte difícil, que es la reintroducción— así trabajo el Acompañamiento.

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Fuentes

Material divulgativo; no sustituye la valoración individual de un profesional sanitario.
SS

Sobre la autora

Seila Sánchez — Dietista de enfoque conductual, asociada a ASNADI (nº ES-2951-AS) y Trabajadora Social, formación que sostiene su forma de trabajar. También Técnico en Farmacia y Documentalista Sanitaria. Acompaña a mujeres +40, tratamientos con GLP-1 y lipedema. Conóceme.

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